La historia de El Diablo y La Sandía: Un relato de familia, amistad y Oaxaca
- Maria Crespo

- 7 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Cómo las mañanas de infancia preparando el desayuno para los invitados, una promesa en España y un sueño compartido llevaron a la creación de El Diablo y La Sandía, un bed and breakfast en Oaxaca inspirado en la cultura, el diseño y la conexión.

Los inicios de El Diablo y La Sandía 🍉😈
Desde niña, nada me hacía más feliz que tener invitados en casa. Mis padres habían viajado mucho de jóvenes, así que solíamos hospedar a amigos de todo el mundo. Me encantaba madrugar para prepararles el desayuno; esa simple alegría de cuidar a alguien y crear una mañana hermosa me acompañó toda la vida.
Cuando tenía 25 años, vivía en Francia y visité a una querida amiga en España. Una noche, con una cerveza en la mano, brindamos y prometimos que algún día yo abriría un hostal y que ella vendría a ayudarme a armarlo y decorarlo. Tres años después, me escribió para decirme que venía a México, y le respondí con una noticia que nos hizo sonreír a ambas: había encontrado la casa. Nuestro sueño se estaba haciendo realidad.
Elegí Oaxaca porque siempre me llamó la atención. La niñera de mi madre era de aquí, y crecí rodeada de sus colores, sabores y calidez. Cuando llegó el momento de establecerme, no hubo duda: Oaxaca era el lugar elegido.
Tenía 27 años y era una diseñadora gráfica y de interiores, llena de ideas y curiosidad. Mi madre y yo nos entregamos por completo al proyecto; ella fue una parte esencial del diseño, el trabajo y el espíritu que le dio vida a todo. Junto con un grupo de amigos cercanos, transformamos la casa en algo vibrante y lleno de alma, combinando creatividad, artesanía y amor.
Mi objetivo no era sólo crear un lugar para viajeros; quería traer el mundo a mí.
Después de años de mudarme, anhelaba raíces, una comunidad, un hogar lleno de historias y amistad y, eventualmente, una familia. Tener un Bed and Breakfasts me haría sentir como viajera en mi día a día, que idea tan perfecta!
El nombre El Diablo y La Sandía surgió de un cenicero en casa de mi madre: un diablillo comiendo una sandía. A mi hermano se le ocurrió el nombre después de días de darle vueltas, y reflejó todo lo que me encantaba de Oaxaca: su alegría, su dulzura y esa chispa de travesura.

Con el tiempo, El Diablo y La Sandía se convirtió en exactamente eso: un hogar para viajeros y soñadores, un lugar de calidez y conversación, y un reflejo de todo lo que me formó: la familia, la amistad, el diseño y los colores de México.
¡Hay mucho más que quiero compartir! Manténganse al tanto.
Con amor,
María























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